Donde el garfio aferra su ponzoña
engrana la magra carne del cerdo;
de la miasma brota su pequeña lengua
advirtiendo
qué es belleza sino filo
mi doble cara metálica
curvatura que hunde viscosidad y fractura.
Todos recogemos huesos de su espira
piel, órganos, largas venas.
Todos desean ser tajados
padecer la disonancia que retumba cuerpos
luminar el fractálico rostro:
trazar mundos con el garfio.
El puntiagudo garfio dispone y dicta:
belleza es filo
tajo cifrado
palabra que zurce rabia
impregna peste en la caída.
Ruego que me penetre el ojo
que no termine por tajarme nunca
:
el absoluto garfio
es construcción de sentido.
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